El poder del “no sé”: Una respuesta que puede transformarte

Conversando con mi hijo hace unos días, en relación con un proyecto familiar que tenemos, me preguntaba ¿cuándo tenemos que ejecutar este proyecto? ¿qué pasará cuando estemos en plena implementación del proyecto? Para varias de esas preguntas yo no tenían respuesta. Lo que hice, con un inconsciente gesto que era una mezcla entre sonrisa y miedo, subiendo los hombros, respondí: “no sé, no te lo puedo responder”.

Esta situación me llevó a pensar en el poder de estas palabras, con mi mente dando vueltas sobre lo difícil que me resultó decir “no sé”, porque esta respuesta, en el fondo, me representa la pérdida de control, de no saber. Y esto es particularmente complejo cuando caemos en cuenta que hemos sido criados en una sociedad en la cual el responder a las preguntas definía una valoración o una calificación en términos de rendimiento, mientras que el no saber algo, te hacía mucho más vulnerable a una potencial falta e inclusive castigo.

Luego caí en cuenta de que a veces ese “no sé” parte de una lógica de buscar y querer tener absolutamente todos los pasos claros que me llevan de un punto “A” (donde estoy) a un punto “B” (donde quiero ir). Regresando a la conversación con mi hijo, al hacer esto, limité mis posibilidades y transferí mi incertidumbre a mi hijo y el efecto terminó siendo contrario a lo que quería.

Me di cuenta también que hay otra alternativa. Responder “no sé” también puede ir de la mano con una postura más enfocada en reducir la incertidumbre: “no sé cómo se darán esas situaciones en el futuro, pero sí sé cuáles son esos dos o tres primeros pasos que puedo tomar inicialmente y luego veremos como vienen los siguientes pasos en el futuro”. De esta manera encuentro algo de calma y me ocupo de lo que sí se.

Esto cambia totalmente la perspectiva de la respuesta. Si bien no tengo el futuro completamente claro, mi respuesta se concentra en aquello que sí se. Y esto es válido también para el mundo de los negocios. Muchas veces, cuando preguntamos a nuestros equipos “¿llegaremos a la fecha deseada, o a la cuota de venta: sí o no?” y nos encontramos con que la respuesta es “no sé”. Sin embargo, creo que la réplica idónea como gerente para esa situación debería ser “está bien, no lo sabes ahora, pero regresa mañana o pasado, o dame un tiempo determinado para que regreses con una respuesta para evitar ese no sé”. Así nos acercamos a una respuesta mucho más eficiente que ese “no sé”.

Existe otra perspectiva totalmente diferente. Precisamente, hace unos días, leí un artículo que se centraba en cómo el no sé se relaciona con la sabiduría, con el sentido de tener la capacidad de poder decir “no sé” ante una pregunta y, desde ese lugar, generar aprendizaje, oportunidades, y también la motivación para preguntarnos por qué no sabemos eso y cómo podemos resolver ese espacio de desconocimiento.

De esta forma es posible comprender el poder que también puede tener un “no sé”, lo motivador que puede ser, su capacidad para llevarnos hacia una nueva situación, de descubrimiento, de investigación, de análisis, de oportunidades, de creación, una situación que solo se abre cuando aceptamos y valoramos nuestra vulnerabilidad. Es una situación que se da cuando nos atrevemos a salir de la zona de confort de las cosas que sí sabemos.

Ahí tenemos disponible una energía impresionante que no es para cualquiera: solo la gente con carácter, con autoestima alta, con sabiduría, puede enfrentar esa palabra tan sencilla como es el “no sé” y convertirla en una oportunidad para crecer. El ser conscientes de que nadie sabe nunca todo, y de que siempre hay algo más que aprender, nos hará mejores. Y creo que es ahí donde está el verdadero poder transformador del “no sé”, es ahí donde está el espacio de crecimiento.

Este es el gran dilema que enfrentamos hoy en día como sociedad, una dualidad que debemos vencer: por un lado, superar el no poder decir que no sabemos y desarrollar la apertura a ser vulnerables, a ser humanos, a aceptar que no tenemos por qué saberlo todo. Por el otro lado, la gran posibilidad de descubrir, crear, salir de nuestra zona de confort desafiando ese simple no sé.

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