Lo imposible solo tarda un poco más

Hace tan solo dos años, parecía que nunca saldríamos de la pandemia. Y lo hicimos. Muchas de las cosas que logramos hoy en día, parecían inalcanzables cuando éramos jóvenes de 18 años. Cosa curiosa, cuando somos niños, lo creemos todo más realizable, fantaseamos porque no nacemos con el chip del “no se puede”. No conocemos “lo imposible”.

“Lo imposible solo tarda un poco más”. Hace unos días leí esta frase y trajo a mi mente una película que se llama “Lion” y que fue traducida en nuestro país como “Un largo camino a casa”. Esta cuenta la historia de Saroo (“león” en bengalí, y la razón del nombre original de la película), un niño de 5 años que vive en un pequeño pueblo, muy pobre, ubicado en la India.

Saroo salía cada día con su hermano a conseguir algo de comida o cosas, a veces robadas, que pudiera vender. Sin embargo, un día que salió a conseguir algo, se quedó dormido dentro de un tren y de pronto este partió. Imposibilitado de salir, Saroo tuvo que esperar a que este se detuviera…mil quinientos kilómetros después, en Calcuta.

India es un país enorme y con muchos dialectos e idiomas. Saroo hablaba bengalí, lengua que no se hablaba en Calcuta, dejándolo sin la posibilidad de comunicarse con los habitantes de la ciudad. Lo único que recordaba era el nombre de su pueblo, pero en su pronunciación bengalí, era imposible que alguien lo entendiera.

El pobre niño tuvo que pasar diferentes penurias, escapando de personas que lo querían utilizar como esclavo y para la trata de niños, algo de lo que hay mucho en India, lamentablemente. Para suerte suya, una persona de bien lo lleva a un centro de adopción, donde finalmente una pareja de australianos que no podía tener hijos, lo adopta y se lo lleva a vivir a Tasmania, en Australia, a más de 9,000 km de distancia.

Con el correr de los años, Saru creció siendo amado, pero rodeado de esta familia de personas totalmente distintos a él, y eso le generaba un vacío. A sus ahora 25 años, con estudios, novia, un trabajo, una buena relación con sus padres adoptivos, y amigos que lo querían. Pero el vacío seguía ahí, y los recuerdos, aunque vagos, no abandonaban su mente.

Recordaba el nombre de su hermano y el de su madre, y vagamente el nombre de su pueblito. Su única herramienta a la mano era Google Earth, y con eso planificó lo que haría y empezó a trabajar intensamente en su búsqueda. En el camino perdió amigos, novia e incluso se deteriora la relación con su familia adoptiva. Todos le decían que era algo imposible, y él, en determinado momento, estuvo a punto de abandonar ese proyecto al cual le había dedicado todo su tiempo.

Sin embargo, decidió darle una mirada más, una última oportunidad. En ese menester, llega a su mente el recuerdo de una quebrada que había visto en sueños, una con ciertas características particulares. Así empieza a buscar nuevamente en Google Earth, primero encontrando un desierto, luego una quebrada y finalmente, de manera increíble, encuentra el pueblo.

Decide viajar al pueblito, tras conversarlo con su madre adoptiva, y luego de un viaje en avión y varios trasbordos en trenes, llega a su pueblito natal, encontrándose con su madre biológica y descubriendo, con tristeza, que el mismo día que él se perdió en el tren, su hermano había muerto aplastado por uno. Al final, ambas familias, la original y la adoptiva, se conocen y el círculo se completa. Se llena el vacío. (Sorry por spoilearles la película pero estoy seguro de que el artículo lo vale. ;))

Aunque parezca increíble, esta película está basada en la historia real de Saroo Brierley, que pasó 10 años buscando su pueblo en Internet. “Utilizaba Google Earth, pasaba horas y horas, haciendo zoom en busca de algo que pudiera reconocer”, contó Saroo al diario The Tasmania Mercury en 2012 (https://www.bbc.com/mundo/noticias/2012/03/120315_curiosidades_india_tasmania_google_earth_saroo_jg).

Esta película, y esta historia, me impactó y me gustó mucho por la determinación del protagonista. Y me hizo pensar en las ideas que abren este artículo. En esos proyectos que parecen imposibles, cuando pareces tener todo en contra, y cuando todo el mundo te dice que es un esfuerzo inútil, que no vale la pena.

Sin embargo, cuando tienes esa convicción, ese propósito, esas ganas, y te acompaña esa intuición que se siente en el estómago de que estás haciendo lo que debes hacer, das ese extra que dio Saroo, esa mirada distinta en la que sientes que podrás lograrlo.

Muchas veces, lo que realmente necesitamos es prepararnos para lo imposible. Debemos tener una estrategia, un método, ser disciplinados, consistentes, persistentes, resilientes y ser capaces también de salir de nuestra burbuja y colaborar/escuchar. Debemos reaprender que lo imposible, muchas veces es solo un término. Y, a veces, lo imposible solamente demora un poco más.

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